La visita del Papa León XIV a la Sagrada Família en Barcelona marcó un momento significativo en su itinerario, al inaugurar la Torre de Jesucristo, que se convierte en la catedral más alta del mundo. Este acontecimiento coincide con el centenario de la muerte del arquitecto Antoni Gaudí, a quien el Papa calificó como el "arquitecto de Dios". La ceremonia, que incluyó un espectáculo de luces y música, fue un tributo a la majestuosidad de la obra.
Antes de este acto central, el Pontífice participó en otras actividades, como la visita a la cárcel de Brians, donde habló sobre el valor de cada ser humano a pesar de sus errores. También estuvo en la Abadía de Montserrat, donde fue recibido por miles de fieles. En esta ocasión, resaltó la importancia de la solidaridad y la acogida en momentos difíciles.
Durante su homilía, León XIV abordó temas de gran relevancia global, vinculando la belleza de la Sagrada Família con un llamado a la paz. Subrayó que es incompatible creer en Jesús y promover la guerra, destacando la necesidad de cuidar a los más vulnerables y rechazar la violencia. La catedral no solo fue vista como un símbolo de fe, sino también como un emblema de unidad y concordia para España.
La ocasión fue histórica, ya que el Papa accedió por la fachada de la Gloria de la Sagrada Família, un evento inédito desde la visita de Benedicto XVI en 2010. Al final de la misa, que contó con la presencia de figuras políticas como el presidente Pedro Sánchez, León XIV obsequió un cáliz a la iglesia, reafirmando su compromiso espiritual y su mensaje de esperanza.
La jornada culminó con un espectáculo de luces y música, que dejó una impresión imborrable tanto en los asistentes como en quienes siguieron la transmisión en vivo. El Papa se despidió agradeciendo a Cataluña por su hospitalidad y su tradición de acogida a quienes buscan un nuevo hogar.
Con información de superdeporte.es

