El trabajo de Cesare Beccaria, un milanés que publicó "De los delitos y de las penas" en 1764, marcó un hito en la historia del derecho penal. Este ensayo desmanteló los cimientos del sistema penal europeo, argumentando que el derecho penal debe limitar el poder del Estado y no ser un instrumento de opresión.
Beccaria escribió en un contexto de reformas impuestas en Milán, bajo el dominio de Austria, donde la tortura y las penas crueles eran prácticas comunes. Las ejecuciones públicas se realizaban como espectáculos, y la justicia era arbitraria. En este escenario, Beccaria planteó una crítica profunda a la forma en que se administraba la justicia, evidenciando la necesidad de un cambio radical.
Su argumento principal se basa en una visión contractualista: al ceder parte de su libertad al Estado, los individuos sólo permiten la coerción necesaria para salvaguardar la seguridad colectiva. Cualquier pena que supere esa necesidad es una forma de tiranía. Beccaria defendió que un castigo sólo debe ser lo suficientemente severo como para prevenir el crimen, poniendo en cuestión la eficacia y la humanidad de la tortura como medio de obtención de pruebas.
El filósofo también se opuso a la pena de muerte, no desde una perspectiva moral, sino con base en su funcionalidad dentro del contrato social. Argumentó que nadie concede al Estado el derecho a quitar vidas, ya que ese poder no puede ser transferido. Esta postura desafiante impulsó debates sobre la justicia penal que resuenan hoy en día.
La recepción de su obra fue rápida y significativa. Su texto influyó en figuras como Voltaire y Catalina la Grande, y sus ideales se reflejaron en reformas legislativas en varios países europeos. Beccaria sentó las bases del pensamiento moderno en derechos humanos, cuya relevancia perdura en el marco legal global contemporáneo.
Con información de afntijuana.info

