Manuela Fernanda Silva Cortés, una joven colombiana de 23 años, fue deportada a su país después de casi dos años de encarcelamiento en México. Su arresto se debió a la introducción accidental de ketamina, una sustancia controlada, en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles. Aunque la justicia mexicana declaró su inocencia, permaneció retenida aún tras la absolución.
La historia de Manuela resalta un problema común en las cárceles mexicanas, donde muchas personas enfrentan situaciones similares sin una culpa real. Su caso es notable ya que, a pesar de ser exonerada, la Fiscalia apeló, lo que llevó a prolongar su encierro durante dos meses más. Esta situación pone de relieve las complicaciones del sistema penitenciario mexicano.
El inusual caso generó preocupación en su familia, especialmente en su madre, Gladys Cortés. La noche de su liberación, los funcionarios anunciaron que Manuela aún no saldría debido a un recurso legal en marcha. Este momento fue difícil para su madre, quien esperaba con ansias reencontrarse con su hija y celebrar su regreso a casa.
Días después de su liberación, Gladys reveló que su hija había sido víctima de una red criminal que se aprovechó de su inocencia. Manuela, quien estaba a punto de graduarse en Comunicación Social, había viajado a México por razones laborales y no tenía idea de la carga ilícita en su maleta. Su historia ha llamado la atención sobre las injusticias que enfrentan muchos migrantes y la necesidad de mejorar los controles en las fronteras.
Ante la deportación, Manuela regresa a Colombia con una carga emocional significativa, pero también con la determinación de seguir adelante y reconstruir su vida. Su experiencia resalta la importancia de una reforma en el sistema legal y migratorio para proteger a quienes se encuentran en situaciones vulnerables.
Con información de elpais.com

