Los recientes hallazgos del Índice de Competitividad Urbana 2026 del Instituto Mexicano para la Competitividad destacan a Morelos en los últimos escalones del ranking nacional. Esta situación no solo resalta la falta de una adecuada planeación, sino también el impacto negativo de la corrupción en el desarrollo regional.
La conurbación de Cuernavaca, que incluye zonas como Emiliano Zapata y Jiutepec, se posiciona en el último lugar de su categoría, mientras que Cuautla, junto a otros municipios, se queda en penúltimo. Aunque existen fortalezas, como centros de investigación y cierta diversidad económica, estos logros son eclipsados por problemas significativos como la violencia, la corrupción y los salarios bajos.
Este contexto confirma que el rezago en Morelos proviene de la falta de dirección. Urbanismo y crecimiento han sido manejados sin una visión clara, dejados a la improvisación política. El resultado es evidente para el IMCO: ciudades que han crecido, pero que no han logrado un desarrollo real.
La percepción de corrupción es un grave indicador que refleja prácticas dañinas que deterioran las instituciones. Para revertir la situación en Morelos, deben abordarse dos cambios fundamentales: una planeación regional obligatoria que considere a todos los municipios y medidas eficaces para combatir la corrupción. Esto incluye la digitalización de trámites y auditorías a proyectos de obra pública, así como fomentar la participación ciudadana en decisiones clave.
El diagnóstico del IMCO revela que los mayores desafíos se encuentran en áreas críticas como la percepción de seguridad y las condiciones laborales. Sin instituciones sólidas y reglas claras, la competitividad de Morelos no puede prosperar. Construir confianza en el estado de derecho y en decisiones técnicas es esencial para el progreso. Con los recursos y potencial disponibles, lo que falta es la verdadera voluntad política para combatir la corrupción y dirigir el crecimiento de manera ordenada.
Con información de elregional.com.mx

