Las elecciones en Coahuila han evidenciado debilidades significativas de Morena, al no ganar ni un solo distrito electoral de los 16 en disputa. A pesar de un despliegue económico cercano a 64 mil millones de pesos en programas sociales, el PRI se consolidó como el gran ganador, reafirmando su control en la región.
La llegada de la exsecretaria de Bienestar, Ariadna Montiel, a la cabeza de Morena no logró revertir los malos resultados y denota la ineficacia de la dirección del partido. Claudia Sheinbaum, presidenta de México, tomó medidas respecto a los líderes que encabezaban la estrategia, señalando la ineficiencia en su gestión y la necesidad de un cambio de liderazgo.
Los comicios también podrían haber dejado un mensaje claro sobre la situación del oficialismo en vista de la elección federal de 2027. Sin embargo, sería erróneo pensar que el éxito del PRI simboliza su resurgimiento. El gobernador Manolo Jiménez, con una estrategia política bien diseñada, fue fundamental para el triunfo priista y se opuso fervientemente a la influencia de Morena.
A lo largo de más de 90 años, Coahuila ha sido un bastión del PRI y, aunque en esta ocasión el partido nacional no dirigió la campaña, los líderes locales se mostraron efectivos en la organización. Así, el verdadero partido ganador es el PRI estatal, con una estructura sólida que ha reforzado su presencia.
El resultado en Coahuila resalta que la hegemonía de Morena no es tan invulnerable como parece. La capacidad de los partidos de oposición para frenar el avance morenista radica en la integridad y efectividad de sus líderes. La reciente victoria sugiere que el dominio de la Cuarta Transformación puede ser desafiado y revertido.
Con información de eluniversal.com.mx

