La captura de Erika María Herrera, sospechosa del feminicidio de Carolina Flores Gómez, ha reavivado la controversia en México. Herrera fue detenida en Caracas tras estar prófuga durante más de dos semanas, y durante su arresto alegó que el crimen fue un accidente, afirmando que el arma utilizada era un "juguetico" de su difunto esposo.
Sin embargo, esta declaración contrasta con las pruebas recopiladas por las autoridades mexicanas que indican un escenario diferente. Según las investigaciones, cámaras de seguridad muestran que Flores Gómez recibió varios disparos tras mantener una fuerte discusión con su suegra. El crimen ocurrió en un apartamento de Polanco, en Ciudad de México, ante la presencia del esposo de la víctima y su hijo de ocho meses.
La conmoción por este caso ha sido notable, especialmente en redes sociales, donde se viralizaron videos del esposo reclamando a su madre tras los disparos. Carolina Flores, originaria de Baja California y reconocida en certámenes de belleza, había estado construyendo una carrera como creadora de contenido y disfrutando de su vida familiar antes del trágico suceso.
Las investigaciones apuntan a que existían tensiones familiares entre la víctima y su suegra. Reports sugieren que los conflictos aumentaron tras una herencia recibida por Flores Gómez tras la muerte de su padre. Además, las autoridades están revisando el comportamiento del esposo tras el crimen, quien tardó aproximadamente un día en notificar el asesinato a la Fiscalía.
Después del homicidio, Herrera logró escapar a Centroamérica y se trasladó a Venezuela, donde fue finalmente localizada gracias a un operativo conjunto entre las autoridades de ambos países y una alerta de Interpol. Este caso ha suscitado protestas y llamados de justicia por parte de colectivos feministas, quienes exigen una condena ejemplar para la presunta responsable.
Con información de elpais.com.co

