La situación en Haití, caracterizada por el control de pandillas en un 90 % de Puerto Príncipe, ha alcanzado una gravedad alarmante. Con la salida de las fuerzas kenianas sin solucionar el colapso institucional, la Organización de Estados Americanos ha calificado la seguridad en la región como altamente volátil.
Las pandillas, como Viv Ansanm, han tomado control de infraestructuras clave, convirtiendo a Puerto Príncipe en la primera capital de América regida por grupos armados. El gobierno haitiano ha admitido responsabilidades en esta crisis, señalando fallas severas en el sistema de gobernabilidad y justicia, aunque no ha propuesto un plan sólido para la recuperación.
La ONU registró un aumento en la violencia y pidió un mayor control sobre el flujo de armas hacia Haití. Este tráfico, que fortalece a las pandillas, perpetúa el descontrol estatal. Cambiar de fuerza internacional no solucionará los problemas estructurales que alimentan la crisis, según análisis globales.
Para la República Dominicana, que comparte frontera con Haití, esta situación presenta un desafío significativo. Las autoridades dominicanas han intensificado la vigilancia fronteriza ante el riesgo de que las pandillas se desplacen a su territorio. A su vez, la migración irregular, impulsada por redes criminales, sigue siendo una problemática persistente que no se puede resolver mediante operativos aislados.
A pesar de que las exportaciones hacia Haití se incrementaron un 22 % en el primer trimestre de 2026, reflejando una interdependencia económica complicada, la postura oficial dominicana ha sido más restrictiva. Al mismo tiempo, la cooperación de 20 millones de dólares anunciada para las nuevas fuerzas internacionales resalta la necesidad de una respuesta colaborativa ante el colapso haitiano. Sin embargo, analistas advierten que los esfuerzos deben ir más allá de decisiones coyunturales para abordar la crisis de fondo.
Con información de acento.com.do

