Un enfoque innovador permite comprender el funcionamiento del cerebro a través de la esgrima histórica europea. Carlos Spuch, neurocientífico y practicante de esta disciplina, utilizará combates reales para explorar cómo el cerebro toma decisiones en situaciones de alta presión y cómo se puede entrenar para mejorar las reacciones.
Durante la actividad programada, Spuch explicará que el cerebro humano cuenta con una estructura que activa respuestas ancestrales en situaciones de estrés. Por ejemplo, la corteza prefrontal supervisa la estrategia, mientras que la amígdala controla el miedo y el estrés. Esto implica que, a lo largo de la historia, nuestros cerebros han evolucionado para reaccionar rápidamente ante ataques, un proceso que puede tomar entre 200 y 300 milisegundos en condiciones normales.
En un combate directo, la activación del sistema nervioso ocurre más rápido: los impulsos van directamente desde los ojos al tálamo, luego a la amígdala, lo que provoca una respuesta automática y acelerada. Esto resalta cómo, al enfrentarse a un oponente, el cerebro contrasta la necesidad de reflexionar con la urgencia de actuar, sacrificando la deliberación a favor de la rapidez de respuesta.
La práctica constante en esgrima puede reducir el tiempo de respuesta a tan solo 100 milisegundos, con ayuda de los ganglios basales, que gestionan respuestas automáticas. Esta capacidad de automatización es similar a otras habilidades, como montar en bicicleta. Además, el investigador planteará que los patrones son cruciales para el aprendizaje y la estrategia, ya que el cerebro prefiere anticipar movimientos en base a experiencias previas.
Por último, se abordará la relevancia del entrenamiento cognitivo, ya que diferentes deportes de combate enseñan a manejar el estrés y mejorar la atención. Esta adaptación cerebral es especialmente crucial en el contexto de enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer.
Con información de farodevigo.es

