La eliminación del Índice Católico en 1966 marcó un momento crucial para la libertad de lectura. Este catálogo, que existió desde 1560, prohibió numerosas obras literarias que no eran compatibles con la doctrina de la Iglesia, afectando a autores influyentes.
Durante la papalidad de Pablo VI, la Santa Sede decidió retirar una lista que contenía miles de títulos, destacando aproximadamente cuatro mil textos significativos. Entre las obras censuradas se encontraban libros de pensadores como Martín Lutero, Juan Calvino, Immanuel Kant y René Descartes, quienes cuestionaron la religión y sus dogmas.
Curiosamente, autores como Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche, conocidos por sus críticas al cristianismo, nunca llegaron a formar parte del Índice. La Congregación de la Doctrina de la Fe, sucesora de la Inquisición, mostró resistencia ante las ideas modernas, controlando así el acceso al conocimiento.
La censura se intensificó con la llegada de la imprenta, lo que permitió la circulación masiva de publicaciones no aprobadas. A finales del siglo XX, incluso el entonces cardenal Joseph Ratzinger discutía sobre textos que merecían censura. Aunque la Iglesia ya no tenía el mismo poder, la presión sobre los fieles persistía.
Este cambio también resuena en la historia literaria. El 14 de junio, día de la eliminación del Índice, coincide con la muerte de figuras como Jorge Luis Borges y G.K. Chesterton. En contraposición, también se celebran nacimientos de escritores notables, como Manuel José Othón y Manuel Vázquez Montalbán, quienes dejaron un legado que también aboga por la libertad de expresión.
Con información de sanluispotosi.quadratin.com.mx

