La inminente llegada del "general verano" agudiza la crisis económica en Cuba, enfrentando a la nación a temperaturas extremas y un escaso suministro de recursos. La combinación de apagones prolongados, escasez de agua y medicamentos acentúa la ya difícil situación en la isla, que es víctima de políticas económicas erráticas y el estrangulamiento comercial impuesto por Estados Unidos.
La temporada ciclónica, que comenzó recientemente, añade un nivel de preocupación. El huracán Melissa del año pasado afectó a más de 735,000 personas, causando graves daños a la infraestructura y dejando 50 muertos. La posibilidad de que se agraven las condiciones climáticas junto con el aumento de las temperaturas genera temores de disturbios sociales en un país que se encuentra cada vez más contra las cuerdas.
Mientras tanto, el Gobierno cubano continúa promoviendo el turismo, a pesar de la evidente caída en el número de visitantes, que ha disminuido un 55% en lo que va del año. Recientemente, se realizó un evento en Varadero bajo el lema "inicio del verano", pero la realidad de los cubanos es muy diferente: largas horas sin electricidad y carestía de productos básicos son la norma.
Un nuevo golpe para la economía se produce con la interrupción de los pagos electrónicos a través de Visa y Mastercard, lo que complica la llegada de turistas e impide a los cubanos acceder a remesas del extranjero. Esta medida, apoyada por sanciones estadounidenses, crea aún más dificultades para quienes intenten mantener relaciones comerciales y cubre las necesidades más básicas.
El contexto actual plantea un futuro difícil para la población cubana, que ya se enfrenta a constantes retos. Con la festividad de verano a la vuelta de la esquina y el pronóstico de un aumento en la violencia climática, el escenario social y económico se torna aún más sombrío, dejando a la isla en una encrucijada crítica.
Con información de eldia.es

