La propuesta de la Presidencia de la República para mover las elecciones judiciales al 4 de junio de 2028 revela las dificultades que enfrenta la Cuarta Transformación en la implementación de reformas. La intención de coincidir las elecciones intermedias de 2027 con las votaciones de jueces y magistrados fue considerada un error por numerosos expertos, quienes señalaron que la cantidad de candidatos y boletas crearía un caos electoral.
A pesar de la urgencia, el plan de posponer un año la elección no aborda los problemas fundamentales del sistema judicial. La experiencia y la ética de los nuevos jueces, magistrados y ministros aún están en entredicho, con casos de kandidaturas que han demostrado falta de conocimiento y renuncias por no estar preparados. Estas situaciones han generado una crisis de confianza en la justicia.
El cambio de fecha llega después de que se evidenciaron múltiples conflictos de interés y vínculos con la delincuencia entre algunos participantes en el nuevo sistema judicial. No está claro si este nuevo plazo brindará una solución adecuada o si solo será un mero “parche” ante un panorama más amplio que requiere reformas profundizadas.
Además, la resistencia de los legisladores de la Cuarta Transformación a realizar ajustes significativos podría perpetuar un sistema que aún se basa en decisiones cuestionables. La obligatoriedad de adoptar un sistema similar en los estados podría resultar en que los electos prioricen sus intereses políticos por encima de hacer valer el derecho.
Con la inviabilidad de la reforma original ya en la mesa, queda la pregunta sobre si la llamada “reforma de la reforma” podrá separarse de intereses personales. La respuesta se verá en los próximos meses, pero el reto continúa siendo cómo restaurar la confianza en el sistema judicial mexicano.
Con información de intoleranciadiario.com

