La Expo 2008 marcó un antes y un después en Zaragoza, según Francisco Pellicer, su presidente actual. Con 18 años desde la inauguración, la muestra ha enfrentado retos como crisis económica y la pandemia. Sin embargo, elementos emblemáticos como la Torre del Agua sugieren un futuro alentador para el espacio.
El cierre de concesiones y la judicialización de lugares como Las Playas han afectado la infraestructura urbana. El parque del Agua ha sufrido debido a la falta de mantenimiento y atención, destacando el impacto negativo de la descoordinación institucional tras la Expo. Pellicer apunta que la pérdida de consenso ha complicado el avance de proyectos comunitarios.
El legado de la Expo se siente en la cotidianidad de Zaragoza. La construcción de puentes y la mejora en el flujo vehicular son parte de los resultados positivos de este evento internacional. El Palacio de Congresos, antes una necesidad urgente, ahora facilita el desarrollo de múltiples actividades culturales y empresariales.
A pesar de los obstáculos, Pellicer considera que ciertos desarrollos, como el canal de aguas bravas, tienen un potencial significativo. Este sistema puede revitalizar el acceso a actividades deportivas, brindando opciones que antes requerían desplazamientos lejanos. Además, es crucial conectar el ciclo del agua de ese canal con el parque para optimizar recursos.
Los problemas en Las Playas se han enredado con procesos judiciales que demoran cualquier solución. La falta de acción ante los deterioros ha llevado a una preocupación considerable sobre el uso eficiente de los espacios públicos. La atención continua a estos espacios es fundamental para mantener el patrimonio urbano y social que se generó con la Expo.
Con información de elespanol.com

