Rusia, China e Irán han incrementado su influencia en América Latina, especialmente en México. Un reciente informe del Centre for the Study of Democracy destaca cómo estas potencias autoritarias cooperan con el crimen organizado local, buscando evadir sanciones internacionales y controlar sectores económicos estratégicos.
El documento señala que estas naciones han comenzado a tratar al crimen organizado no solo como un fenómeno aleatorio, sino como un medio funcional para alcanzar sus objetivos geopolíticos. Las redes criminales se convierten en herramientas que moldean decisiones políticas y limitan la autonomía estratégica de los estados latinoamericanos.
Entre las acusaciones, destaca el caso de Antonio Rullán Dichter, quien fue cónsul honorario de Rusia en Acapulco. Su relación con 'Los Rusos', una banda vinculada a narcotráfico, llevó al gobierno mexicano a cancelar su estatus diplomático. Rullán ha negado las acusaciones y defendido su posición en un evento reciente con el embajador ruso.
El informe detalla que, aunque los tres países emplean diferentes tácticas para relacionarse con el crimen organizado, subyace una lógica común. China tiende hacia la integración económica y política, mientras que Rusia adopta un enfoque más agresivo, utilizando al crimen organizado como armamento en sus guerras híbridas. Irán, aunque con menos capacidad, actúa a través de intermediarios para manejar flujos de dinero ilegales.
Finalmente, se destaca la proliferación de armas rusas en México, con más del 60% de las incautaciones de armamento proveniente de ese país. Aunque el informe no implica directamente al estado ruso, sugiere que los vínculos existentes fortalecen a las organizaciones criminales. Este fenómeno requiere una revisión total de estrategias de seguridad y gobernanza en la región.
Con información de levante-emv.com

