Las réplicas de los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que azotaron Venezuela el 24 de junio de 2026 podrían continuar durante meses, según expertos en sismología. Las nuevas sacudidas, aunque disminuirán en intensidad y frecuencia con el tiempo, presentan un riesgo constante para la población.
Datos clave
- Cuándo: 24 de junio de 2026.
- Dónde: Caraballeda, estado de La Guaira, Venezuela.
- Muertos: Al menos 3,000 personas reportadas.
- Réplicas: 862 registradas hasta el 2 de julio.
- Riesgo: Posibilidad de réplicas de magnitud seis.
Expertos del Instituto Geológico y Minero de España advierten que, tras un terremoto principal de alta magnitud, es común que se desencadenen múltiples réplicas. Estas pueden ocurrir durante semanas o incluso meses, aunque normalmente la frecuencia y la fuerza disminuyen con el tiempo. Esta situación genera una creciente preocupación entre los habitantes de las zonas afectadas, quienes siguen experimentando temblores.
El geólogo Raúl Pérez explica que después de un gran sismo, la redistribución de energía en la falla puede provocar movimientos adicionales. Aunque las réplicas son una parte predecible del fenómeno sísmico, la ausencia de una réplica de magnitud seis hasta el momento ha generado incertidumbre. Hasta la fecha, la réplia más fuerte registrada ha sido de 4,6.
¿Cuál es la probabilidad de nuevas réplicas?
La probabilidad de que se produzcan más réplicas de gran magnitud es baja pero no inexistente. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), hasta el 3 de julio, la probabilidad de temblores de magnitud seis o superior era solo del 3%. Esta cifra indica una disminución en comparación con semanas anteriores, lo que significa que, a medida que pasa el tiempo, las posibilidades de un nuevo sismo devastador van decreciendo.
¿Cómo afecta esto a la población?
La situación actual deja a muchas comunidades en estado de alerta, ya que los terremotos de gran magnitud tienden a causar mayor cantidad de réplicas. Estos temblores adicionales son un recordatorio del potencial destructivo que aún persiste. Además, la infraestructura dañada en la región eleva la vulnerabilidad ante cualquier nuevo sismo.
El camino por delante implica una vigilancia continua de la actividad sísmica y medidas de mitigación para proteger a la población. Se prevé que el análisis de las réplicas y su comportamiento en el tiempo continúe mejorando nuestra comprensión de estos fenómenos.
Con información de 20minutos.es

