Lucrecia, una mujer de 35 años oriunda de Puebla, enfrenta dificultades económicas que la llevaron a considerar la gestación subrogada como una alternativa viable. Tras mudarse a la Ciudad de México y tras haber tenido dos partos naturales, decidió alquilar su vientre para obtener ingresos que le ayuden en su situación crítica.
En 2023, comenzó a investigar sobre el proceso y se conectó con una agencia a través de Facebook. La agencia le exigió demostrar su experiencia como madre, pidiéndole presentar el acta de nacimiento de uno de sus hijos y realizarse análisis médicos. Después de cumplir con los requisitos, la dieron el visto bueno tras una visita a su hogar por parte del personal de la agencia.
De acuerdo con la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, ha habido un aumento en la emisión de licencias para clínicas de reproducción asistida en México desde 2015. Sin embargo, la falta de regulación clara, a excepción de Sinaloa y Tabasco, permite que la subrogación prospere en otras áreas, convirtiéndose en una opción cada vez más buscada. En 2021, este mercado generó 11.6 mil millones de dólares a nivel mundial, cifra que podría aumentar a 201.8 mil millones hacia 2034.
El acuerdo entre Lucrecia y los padres de intención, una pareja de hombres franceses, fue formalizado tras realizar múltiples exámenes y un contrato. Para ella, la remuneración fue crucial: recibió aproximadamente 300 mil pesos durante el proceso, un ingreso significativo comparado con el salario mínimo en el país, que afecta a más del 50% de las trabajadoras. Esta situación resalta una brecha de ingresos entre géneros y una creciente precarización del trabajo femenino en el país.
A medida que el mercado de la gestación subrogada sigue creciendo, es fundamental considerar cómo esta práctica afecta la vida económica de las mujeres involucradas, ofreciendo soluciones temporales a problemas sistémicos que requieren atención inmediata.
Con información de revistaespejo.com

