Castillonuevo, un pequeño pueblo de Navarra, se enfrenta a la despoblación con una población que apenas alcanza los 16 habitantes. Este enclave, ubicado en un terreno abrupto y verde a 800 metros de altitud, encarna la lucha por la supervivencia de sus tradiciones y su estructura social.
El acceso a Castillonuevo no es fácil, requiriendo un recorrido sinuoso desde Pamplona. Dos caminos desembocan en un núcleo urbano donde predominan callejones empinados y viviendas de piedra. La iglesia, el ayuntamiento y otros espacios comunitarios son los pilares que conectan a los escasos residentes en esta diminuta localidad.
La media de edad de la población es de 69,3 años, lo que indica un claro envejecimiento demográfico. Solo José Hernández, a sus 85 años, reside solo en este lugar, mientras que el resto de los habitantes vive en compañía de familiares. Conscientes de la fuerte despoblación que afecta el Pirineo, los vecinos se esfuerzan por mantener unidas las tradiciones locales.
Históricamente, Castillonuevo llegó a contar con 234 habitantes en 1920, gracias a actividades agrícolas e industriales. Sin embargo, desde las décadas de 1960 y 1970, la población ha disminuido drásticamente. En un intento de revertir esta situación, el Ayuntamiento tiene planeado realizar desbroces para disminuir el riesgo de incendios en los alrededores, aunque los desafíos en términos de comunicación y acceso a servicios básicos persisten.
El futuro de Castillonuevo depende de la voluntad de sus actuales y futuros habitantes. La lucha por la permanencia de una comunidad que ha resistido la prueba del tiempo continúa, mientras las generaciones más jóvenes enfrentan un panorama de oportunidades limitadas en el campo.
Con información de diariodenavarra.es

