La reciente derrota del Partido Acción Nacional (PAN) en Coahuila ha desencadenado un clima de autoevaluación y culpabilidad entre sus líderes. Ana Osoria, presidenta del PAN en Monclova, ha manifestado que a pesar de no alcanzar el 3% de votación, el partido se mantiene fuerte y la operación continuará con financiamiento federal. Sin embargo, se percibe un tono de optimismo desconectado de la realidad electoral.
En medio de críticas, algunos miembros del partido señalan que la pérdida del registro es un tema serio, ya que ello podría significar una reducción en las prerrogativas estatales. Los analistas políticos advierten que el cambio en el partido y la falta de cohesión han influido en los recientes resultados, sugiriendo que las elecciones municipales del próximo año serán decisivas para el futuro del PAN en la región.
El fenómeno de los “chapulines”, aquellos miembros que han cambiado de partido, complica aún más la situación interna. La historia de figuras como Cutberto Solís y Luis Fernando Salazar, quienes dejaron el barco panista a favor del PRI, ha dejado una sensación de desconfianza entre los militantes tradicionales. La dispersión de lealtades ha debilitado la estructura del partido, y sus efectos son evidentes en las campañas.
La situación se agudiza con la presencia de figuras controvertidas como Esther Quintana, quien aún permanece en su cargo dentro de la Secretaría de Cultura, generando confusión sobre su lealtad política. Muchos panistas sienten que han luchado arduamente por mantener la representación del partido en tiempos difíciles, pero enfrentan obstáculos importantes en su camino de recuperación.
Con los ojos puestos en las elecciones municipales venideras, los líderes del PAN deben formular una estrategia que incluya candidatos fuertes y una reestructuración interna. La expectativa es que esas comicios permitan al partido no solo recuperar su registro en Coahuila, sino también recobrar la confianza de sus seguidores.
Con información de zocalo.com.mx

